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domingo, 17 de diciembre de 2017

EN LATINOAMERICA FALTA COMERCIO INTRARREGIONAL

En Latinoamérica falta comercio intrarregional
Marzelo Elizondo, de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), habla de impulsar más a las grandes empresas.
Los países de América Latina deben profundizar su comercio entre sí y promover el crecimiento de grandes empresas que son, a fin de cuentas, las que protagonizan el movimiento de inversiones, bienes y servicios. Marzelo Elizondo, presidente de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), considera que esos son los grandes retos que tiene la región. Sus opiniones se dieron en un encuentro de expertos con periodistas, previo a la Cumbre Ministerial de la OMC que se cumplió la semana que termina en Buenos Aires (Ver recuadro). Elizondo analizó la experiencia e influencia de América Latina en el sistema multilateral de comercio.
¿Cuál es la experiencia de América Latina en el sistema multilateral de comercio?
América Latina inició un proceso de globalización en los últimos 30 años, con una intensidad menor que la que han tenido otras regiones del mundo, por ejemplo los países asiáticos. Aún así, dentro de la región, los países del Pacífico han sido un poco más dinámicos que los del Atlántico.
¿Qué se requiere para acelerar?
En primer lugar alentar a tener empresas más internacionales. En el mundo tienen más comercio los países que tienen compañías globales que invierten y consiguen alianzas, generan información y conocimiento. De las 100 empresas mundiales hay una sola que es latinoamericana (Vale do Rio Doce de Brasil). Y segundo, creo que Latinoamérica debe integrarse en sí misma. Esta región dividida en Atlántico y Pacífico desde el punto de vista institucional y de modelo, ha obstaculizado el comercio intrarregional. Comerciamos más con el resto del mundo que con nosotros mismos. Creo que esa dicotomía entre el regionalismo cerrado del Mercosur y el regionalismo abierto del Pacífico debería concluir hacía un acuerdo mayor para generar flujo de comercio dentro de la región.
¿Cuál ha sido el papel de Colombia en ese escenario regional?
Soy un admirador de la conformación de la Alianza del Pacífico, de la cual son parte Colombia, Perú, Chile y México. Creo que logra mezclar un acuerdo entre países con la flexibilidad suficiente para que, además de vincularse entre ellos, puedan estar preparados para relacionarse con terceros, especialmente con países del otro lado del Pacífico como los asiáticos. Por otro lado, Colombia es un país con gran propensión a la apertura en términos institucionales. Quizás la participación del comercio internacional en el PIB no es tan alta como los vecinos pero desde el punto de vista normativo es un país muy abierto. Es muy importante seguir este proceso de institucionalización local con adaptación a normas internacionales. Me parece que es un buen ejemplo a seguir, sobre todo para los que estamos de este lado del Atlántico.
¿Advierte rezagos en Mercosur?
Claramente. El Mercosur ha tenido un comercio que se ha retraído. Tiene un comercio interno del 60% del que era hace 5 años y sus exportaciones al resto del mundo también han caído. Necesita una mejora en su estructura normativa. El modelo a seguir para el Mercosur es de una flexibilidad mayor como la que Colombia ha logrado.
¿Es clave que las empresas estén en negociaciones entre países?
No es sólo que los gobiernos deben permitir la participación de las empresas. El propio sector privado tiene que involucrarse más con los gobiernos. Las empresas suelen tener muy poco desarrollada su habilidad para asistir a los gobiernos en las negociaciones.
¿Las grandes empresas no pueden ser actores pasivos en las relaciones comerciales de sus países?
Si uno estudia el comercio internacional, la suma de las exportaciones del mundo son más o menos US$20 billones. El 80% de la totalidad de las exportaciones del mundo se desarrolla dentro de lo que se conoce como las cadenas globales de valor, que son alianzas entre empresas que se vinculan a través de procesos de inversión, encadenamiento, compartiendo conocimiento y estrategias, haciendo investigación y desarrollando proveedores qué sirven para toda la cadena. Entonces, si uno quiere mejorar la penetración comercial lo debe hacer a través de estas compañías. Fuente:Portafolio

martes, 11 de abril de 2017

FACILITACIÓN DEL COMERCIO INTERNACIONAL

FACILITACIÓN DEL COMERCIO INTERNACIONAL La Organización Mundial del Comercio (OMC) puso en vigencia recientemente el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio. Esto se logró gracias a la suscripción formal del texto correspondiente por parte de más de 110 países. Entre los países que suscriben el acuerdo no se encuentra Venezuela. En muchos países, incluida Venezuela, se crearon a lo largo del siglo XX muchas instancias gubernamentales, sin mucha coordinación entre ellas, que tenían, y todavía tienen, que autorizar, controlar, revisar, o visar los diferentes eslabones propios del comercio exterior, lo cual conduce a perdidas de tiempo y dinero. Además, el proceso en su conjunto se hace poco transparentes y, por lo tanto, susceptibles a todo tipo de arbitrariedades.
Como reacción, esto ha dado origen, en muchos países, a un proceso tendiente a eliminar la multiplicidad de trámites existentes para exportar o importar, y a generar mecanismos que permitan hacer todos las operaciones a través de lo que se ha denominado la Ventanilla Única de Comercio Exterior, VUCE. La idea gruesa es muy simple: introducir todos los papeles, solicitudes, autorizaciones, certificaciones y papeles por el estilo a través de una sola ventanilla electrónica, de modo que allí estén a disposición de todas las instancias que tienen que pronunciarse sobre la realización de la operación de comercio exterior que se quiera realizar. Eso evita duplicación de papeles que deben ser presentados en diferentes organismos y le da un alto grado de transparencia y de rapidez a todos los procesos que requieren autorizaciones estatales.
Este tipo de institucionalidad no es fácil de implementar, tanto por el hecho de que se necesita una plataforma electrónica nueva, compleja y segura, como porque implica reformar los poderes o atribuciones de ciertas instituciones y/o de ciertas personas, que no quieren perder sus prerrogativas actuales. Se trata, por lo tanto, no solo de un problema técnico, que es fácil de solucionar, sino de un problema político, que requiere de una auténtica política de Estado como para poder implementarse. En América Latina la mayoría de los países han implementado la Ventanillas Única de Comercio Exterior, lo cual ha reducido los tiempos y los costos y ha aumentado la competitividad de sus exportaciones. Venezuela no lo ha hecho, aun cuando el proceso está en estudio y experimentación. Mientras ese proceso no culmine, las exportaciones del país seguirán perdiendo competitividad frente a las mercancías provenientes de otros países, que sí se preocupan por eliminar las barreras administrativas que rodean las operaciones de comercio exterior. http://www.noticierodigital.com/2017/04/sergio-arancibia-facilitacion-del-comercio/

lunes, 5 de mayo de 2014

¿Qué pueden ganar las PYMEs con el litigio en la OMC?

¿Qué pueden ganar las PYMEs con el litigio en la OMC?
El mecanismo de solución de controversias de la OMC solo permite que sean estados miembros de la Organización, y no actores privados, los que denuncien violaciones a las normas de comercio internacional. No obstante, las PYMEs de países en vías de desarrollo pueden beneficiarse por el accionar de sus gobiernos en estas instancias.
La Organización Mundial del Comercio (OMC) es, según su propio sitio web, “la única organización internacional que se ocupa de las normas que rigen el comercio entre los países”. Para garantizar el cumplimiento de estas reglas, la OMC cuenta, entre otras herramientas, con un mecanismo de solución de controversias, es decir, un procedimiento “cuasijudicial” a través del cual un estado puede demandar a otro si entiende que está violando alguna de las normas de la Organización. A diferencia de lo que ocurre con los tratados de inversiones, en este caso las empresas no tienen la posibilidad de demandar directamente a los países, sino que son los gobiernos los que tienen que litigar ante la OMC. Hiroko Yamane, profesor de la Universidad Ritsumeikan, explica que en muchas ocasiones los actores privados (sobre todo en Estados Unidos y en la Unión Europea) “convencen a sus gobiernos para actuar en su nombre y llevar un caso sobre barreras al comercio ante el mecanismo de solución de controversias de la OMC”. Las PYMEs (pequeñas y medianas empresas) de países en vías de desarrollo, en particular, tienen mucho para ganar con procedimientos de este tipo. Christina Davis, profesora en la Universidad de Princeton, realizó un estudio comparativo entre dos casos en los cuales una potencia económica (la Unión Europea en uno, y Estados Unidos en el otro) aplicó ciertas medidas perjudiciales para los productos de un país en vías de desarrollo (Perú en un caso, Vietnam en el otro), que buscó revertirlas. En una de las situaciones, el país en desarrollo era miembro de la OMC y, utilizando el mecanismo de solución de controversias, pudo lograr que se modifiquen esas disposiciones que obstruían el comercio entre ambos países. En el otro, en cambio, al no ser miembro de la OMC, el país en desarrollo no tuvo otra opción que intentar presionar políticamente al país desarrollado -sin éxito- para que le permita comerciar libremente sus productos. Sardinas peruanas El primer caso que analiza Davis en su artículo es el de las sardinas peruanas. Los productores de ese país habían desarrollado un nicho de mercado en Alemania para sus “Sardinas del Pacífico”, como las publicitaban en sus etiquetas. En 1999, la Comisión Europea comenzó a aplicar una vieja normativa por la cual prohibió llamar “sardinas” a las especies pescadas en Perú (Sardinops sagax sagax), dado que eran una variedad distinta de la que habita en el Océano Atlántico y en el Mar Mediterráneo (Sardina pilchardus Walbaum). Por lo tanto, cuando un comprador europeo se acercara a una góndola, el pescado de origen peruano aparecería bajo el rótulo “espadín”, mientras que el europeo conservaría el tradicional y atractivo nombre de “sardina”. Según Perú, esto “era simplemente un intento europeo encubierto para proteger a sus pescadores locales”. Luego de intentar resolver la cuestión con negociaciones bilaterales, Perú decidió llevar el caso ante la OMC. Según explica Davis, “Perú tenía fundamentos jurídicos sólidos para su queja”, dado que varios instrumentos técnicos internacionales incluían a la especie de origen peruano dentro de su definición de “sardinas”. En mayo de 2002, el panel de la OMC publicó su decisión, en la que encontraba que la regulación europea era contraria a varias de las normas de la Organización. La sentencia fue apelada, y el Órgano de Apelación confirmó el pronunciamiento anterior. Finalmente, la Comunidad Europea aceptó la decisión y permitió que el producto lleve el rótulo de “Sardinas del Pacífico”, aunque aclarando además su nombre científico. Davis concluye que, luego de un largo proceso, “Perú logró ganar un caso importante y forzar a la Comunidad Europea a cumplir con las normas. El caso sirve como un ejemplo para otros países en vías de desarrollo para obtener un juicio justo y lograr un resultado satisfactorio”. Bagres vietnamitas El segundo ejemplo que analiza Davis es el de los bagres vietnamitas. El país asiático-que a la fecha de publicación del artículo no era miembro de la OMC-, firmó en el año 2000 un tratado de libre comercio con Estados Unidos, con cláusulas muy similares a las de los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio. “La reducción de tarifas gracias al Tratado y el crecimiento de una promisoria industria en Vietnam”, explica Davis, “resultaron en una oleada de bagres vietnamitas en el mercado estadounidense – creciendo de 5 millones de libras de pescado congelado en 1999 a 34 millones de libras en 2002, y capturando el 20 por ciento del mercado estadounidense”. Este impacto provocó una reacción de los productores locales de bagres, que comenzaron a reclamar medidas para proteger su producción. En 2002, el Congreso estadounidense aprobó una ley que prohibía rotular como “bagres” a cualquier otra variedad que no fuera del tipo Ictaluridae (la que habita aguas estadounidenses), pese a que “la base de datos del Centro Internacional de Recursos Acuáticos Vivientes, con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, enumera 700 especies de peces dentro de la categoría “bagres”. A partir de entonces, los consumidores estadounidenses encontraron en sus góndolas al pescado vietnamita bajo la etiqueta de “basa” o “panga”. “A diferencia de Perú, Vietnam no pudo iniciar una demanda ante la OMC para que sea una fuente neutral la que determine qué debería contar como “bagre”. Sin más opción que aceptar la medida, los exportadores vietnamitas comenzaron a etiquetar sus productos como basa o panga”, relata Davis. Fuente :www.connectamericas.com/