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jueves, 20 de septiembre de 2018

Guatemala reunirá a comunidad de Zonas Francas de Iberoamérica

Guatemala reunirá a comunidad de Zonas Francas de Iberoamérica
Faltan 11 días para que Guatemala se estrene como sede de la XXII Conferencia de Zonas Francas de las Américas, que reunirá a representantes de Latinoamérica, el Caribe y España.
La Antigua Guatemala albergará del 1 al 3 de octubre a la comunidad de zonas francas para discutir sobre los retos, desafíos y avances en las Zonas Francas de Iberoamérica.
Javier Zepeda, director ejecutivo de la Cámara de Industrias de Guatemala (CIG), indicó que Guatemala fue elegido como sede debido al papel que las zonas francas han adquirido en el país, como herramientas de facilitación para el comercio exterior.
Conferencistas
La exsecretaria general de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), Carmen Gisela Vergara, el director general de la Zona Franca del Aeropuerto de Dubai (DAFZA), Mohammed Alzarooni, y el intendente de Aduanas de la SAT, Werner Ovalle, son parte de los más de 20 conferencistas que participarán en los tres días del encuentro comercial.Fuente: Republica.Gt

domingo, 17 de diciembre de 2017

EN LATINOAMERICA FALTA COMERCIO INTRARREGIONAL

En Latinoamérica falta comercio intrarregional
Marzelo Elizondo, de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), habla de impulsar más a las grandes empresas.
Los países de América Latina deben profundizar su comercio entre sí y promover el crecimiento de grandes empresas que son, a fin de cuentas, las que protagonizan el movimiento de inversiones, bienes y servicios. Marzelo Elizondo, presidente de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), considera que esos son los grandes retos que tiene la región. Sus opiniones se dieron en un encuentro de expertos con periodistas, previo a la Cumbre Ministerial de la OMC que se cumplió la semana que termina en Buenos Aires (Ver recuadro). Elizondo analizó la experiencia e influencia de América Latina en el sistema multilateral de comercio.
¿Cuál es la experiencia de América Latina en el sistema multilateral de comercio?
América Latina inició un proceso de globalización en los últimos 30 años, con una intensidad menor que la que han tenido otras regiones del mundo, por ejemplo los países asiáticos. Aún así, dentro de la región, los países del Pacífico han sido un poco más dinámicos que los del Atlántico.
¿Qué se requiere para acelerar?
En primer lugar alentar a tener empresas más internacionales. En el mundo tienen más comercio los países que tienen compañías globales que invierten y consiguen alianzas, generan información y conocimiento. De las 100 empresas mundiales hay una sola que es latinoamericana (Vale do Rio Doce de Brasil). Y segundo, creo que Latinoamérica debe integrarse en sí misma. Esta región dividida en Atlántico y Pacífico desde el punto de vista institucional y de modelo, ha obstaculizado el comercio intrarregional. Comerciamos más con el resto del mundo que con nosotros mismos. Creo que esa dicotomía entre el regionalismo cerrado del Mercosur y el regionalismo abierto del Pacífico debería concluir hacía un acuerdo mayor para generar flujo de comercio dentro de la región.
¿Cuál ha sido el papel de Colombia en ese escenario regional?
Soy un admirador de la conformación de la Alianza del Pacífico, de la cual son parte Colombia, Perú, Chile y México. Creo que logra mezclar un acuerdo entre países con la flexibilidad suficiente para que, además de vincularse entre ellos, puedan estar preparados para relacionarse con terceros, especialmente con países del otro lado del Pacífico como los asiáticos. Por otro lado, Colombia es un país con gran propensión a la apertura en términos institucionales. Quizás la participación del comercio internacional en el PIB no es tan alta como los vecinos pero desde el punto de vista normativo es un país muy abierto. Es muy importante seguir este proceso de institucionalización local con adaptación a normas internacionales. Me parece que es un buen ejemplo a seguir, sobre todo para los que estamos de este lado del Atlántico.
¿Advierte rezagos en Mercosur?
Claramente. El Mercosur ha tenido un comercio que se ha retraído. Tiene un comercio interno del 60% del que era hace 5 años y sus exportaciones al resto del mundo también han caído. Necesita una mejora en su estructura normativa. El modelo a seguir para el Mercosur es de una flexibilidad mayor como la que Colombia ha logrado.
¿Es clave que las empresas estén en negociaciones entre países?
No es sólo que los gobiernos deben permitir la participación de las empresas. El propio sector privado tiene que involucrarse más con los gobiernos. Las empresas suelen tener muy poco desarrollada su habilidad para asistir a los gobiernos en las negociaciones.
¿Las grandes empresas no pueden ser actores pasivos en las relaciones comerciales de sus países?
Si uno estudia el comercio internacional, la suma de las exportaciones del mundo son más o menos US$20 billones. El 80% de la totalidad de las exportaciones del mundo se desarrolla dentro de lo que se conoce como las cadenas globales de valor, que son alianzas entre empresas que se vinculan a través de procesos de inversión, encadenamiento, compartiendo conocimiento y estrategias, haciendo investigación y desarrollando proveedores qué sirven para toda la cadena. Entonces, si uno quiere mejorar la penetración comercial lo debe hacer a través de estas compañías. Fuente:Portafolio

sábado, 2 de mayo de 2015

LAS TRES LATINOAMERICAS (Y SU PROPIO COMERCIO EXTERIOR)

(Para entender a Latinoamerica y su propio comercio exterior) Las tres Latinoaméricas Por José Natanson* Como el "foie gras", la Declaración de los Derechos del Hombre y la guillotina, América Latina es un invento francés. Aunque se ha naturalizado y hoy parece un simple recorte geográfico, la idea surgió en 1860, como resultado de las ambiciones de Napoleón III de incorporar al continente americano a la esfera de influencia de Francia a través del establecimiento en México de la monarquía de Maximiliano de Austria. En los planes del emperador de la farsa, el decisivo apoyo francés consolidaría un México independiente que funcionaría como barrera frente al expansionismo de Estados Unidos, garantizaría los intereses coloniales de París en el Caribe y permitiría abrir los mercados de Centroamérica y el Norte de América del Sur (1).
Aunque el Segundo Imperio Mexicano terminó en un fracaso y Maximiliano fue fusilado tres años después de asumir el trono, la idea de América Latina como la región que comprende a todos los territorios no anglófonos de América se fue afianzando. El bolivarianismo, con sus mil interpretaciones posibles, operó como el ideal doctrinario de un latinoamericanismo que, de Martí al Che, tuvo sus hazañas y sus héroes, sus aportes originales al pensamiento (la teoría de la dependencia, por ejemplo) y sus instituciones (la ALADI y la Cepal tal vez sean las más relevantes).
Ya en los 90, en pleno auge de la globalización pos-caída del Muro y con el ALCA aún en el horizonte, la región fue redescubierta por el capitalismo como un potencial mercado unificado (América Latina como target), cuyos emblemas más característicos fueron, por supuesto, la CNN en español y la MTV Latinoamérica, que comenzó a emitir el 1 de octubre de 1993 con “Sudamerican rockers”, el hit de los chilenos Los Prisioneros, una banda que asumía con alegría su des-nacionalización (aparecían tocando delante de una serie de banderas de países inexistentes) tanto como su condición periférica: No nos acompleja revolver los estilos mientras huelan a gringo y se puedan bailar El estribillo mezclaba inglés y francés: We are sudamerican rockers Nous sommes rockers sudamerican
Fracturas
Hoy América Latina se encuentra fracturada en tres sub-regiones cuyas fronteras resultan totalmente nítidas, si se les presta atención. La primera tiene como límite una línea imaginaria que podríamos situar a la altura del Canal de Panamá. Salvo Cuba, todos los países ubicados de allí hacia el Norte se encuentran atados, para bien o para mal, a Estados Unidos, que absorbe la mayor parte de sus exportaciones (73,9 por ciento en el caso de México), provee casi toda la inversión extranjera directa y recibe a la mayoría de los migrantes (dos millones y medio de salvadoreños, de una población de menos de siete millones, viven en territorio estadounidense).
El costado formal de esta imbricación material son los tratados de libre comercio. Primero a través del TLCAN, firmado entre Estados Unidos, México y Canadá, y luego por medio del DR-CAFTA, suscripto por los países centroamericanos y República Dominicana, la región ha ido conformando un área comercial unificada. Definitivamente norteamericanizada en términos económicos, delimita el segundo perímetro de seguridad estadounidense, con todas sus presiones de terrorismo y narcotráfico, consolidando una fuerza de atracción tan poderosa que supera la orientación política de los gobiernos, como demuestra el hecho de que ni el sandinista Daniel Ortega ni los salvadoreños Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, ambos pertenecientes al Frente Farabundo Martí, denunciaron, una vez en el poder, los acuerdos con Washington.
Pero la mayor novedad no se sitúa aquí sino en el mundo andino, que en la última década atraviesa una etapa de mutaciones más profundas que las de cualquier otra zona del continente. La vieja Comunidad Andina de Naciones (CAN), integrada en su momento por Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela, se encuentra sumida en una crisis terminal. Lanzada en 1969 e inspirada en la Comunidad Económica Europea, la CAN pasó por momentos turbulentos, que incluyeron el retiro de Chile en 1979, pero sobrevivió como una zona de libre comercio dotada de dos instancias supranacionales tempranamente construidas: una secretaría general con sede en Lima y un tribunal de justicia situado en Quito. Como un zombi que camina pero en realidad está muerto, la CAN sobrevive sólo en los papeles. Comenzó a extinguirse en abril de 2006, cuando Hugo Chávez anunció el retiro de Venezuela con el objetivo de incorporarse como miembro pleno al Mercosur. Con su decisión, tan unipersonal como audaz, Chávez no sólo estaba optando por una de las varias identidades de un país que es a la vez andino, caribeño y amazónico; también estaba introduciendo una nueva línea de fractura regional y provocando una reacción en sus antiguos socios. Por un lado, los gobiernos de Bolivia y Ecuador comunicaron su intención de seguir el ejemplo venezolano y sumarse al Mercosur, un proceso que de todos modos demorará años y que exige no sólo un engorroso trabajo de armonización aduanera y verificación de pautas comerciales, sino también un mínimo de sintonía política: recordemos que la incorporación de Venezuela recién se aprobó cuando Paraguay, que frenaba su ingreso, fue suspendido a raíz del desplazamiento irregular de Fernando Lugo, como si el bloque sólo pudiera ampliarse a costa de golpes blandos en alguno de sus Estados-miembro. Al tiempo que Venezuela, Bolivia y Ecuador se acercaban al Mercosur, Colombia, Perú y Chile anunciaban, junto a México, la creación de la Alianza del Pacífico. Sin pretensiones de coordinación política ni mayores ambiciones que las que derivan de la prosperidad económica, la Alianza del Pacífico aparece como un proceso de integración típico del siglo XXI, como la APEC en Asia-Pacífico o la futura ATCI atlántica. Todos sus integrantes firmaron acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, como parte de una estrategia de integración hacia el Este y el Norte que, igual que en Centroamérica, se mantiene a pesar de los cambios de gobierno: recordemos que el TLC entre Chile y Estados Unidos fue suscripto por el socialista Ricardo Lagos y que Ollanta Humala mantuvo la adhesión de Perú una vez que llegó a la Presidencia. El perfil de la Alianza del Pacífico es diferente al del Mercosur, aunque menos por la voluntad de sus líderes que por la fisonomía productiva de los países que la integran. Sucede que la estructura de sus economías descansa fundamentalmente en la exportación de commodities (petróleo en Colombia y México, minerales en Perú, cobre en Chile), lo que las exime de la necesidad de proteger a sectores industriales significativos, como sucede en Brasil y Argentina. De hecho, los países de la Alianza expresan, sumados, el 35 por ciento del PBI latinoamericano, pero explican más del 50 por ciento de las exportaciones, dato que confirma la orientación exportadora y el perfil abierto del proceso de integración (2). Nuestro lugar ¿Qué lugar ocupa Argentina en esta América Latina fracturada? Desde al menos tres décadas, Argentina apuesta a una relación estratégica con Brasil, relación que comenzó con la decisión de los gobiernos de Raúl Alfonsín y José Sarney de desnuclearizar el vínculo bilateral, continuó con el lanzamiento del Mercosur por parte de Carlos Menem y Fernando Collor de Mello y sumó componentes de coordinación política desde la llegada al poder de Néstor Kirchner y Lula. Lo más parecido a una política de Estado que tenemos por aquí, la asociación con Brasil es un activo estratégico que todo gobierno debería cuidar. Y que en los últimos años contribuyó a la paz y la estabilidad regional gracias a operaciones diplomáticas cuidadosas en países como Bolivia, Venezuela, Ecuador y Colombia (aunque no siempre, como demostró el caso de Paraguay, efectivas).
Si la amistad con Brasil se ha fortalecido, los cambios en el escenario internacional afectaron otros aspectos del patrón histórico de relaciones exteriores de Argentina. En un mundo cada vez más descentrado, el dato más relevante es el peso decreciente de los vínculos con Europa y Estados Unidos, evidenciado en la disminución del intercambio comercial y en un progresivo alejamiento político, que sin embargo no implica un deslizamiento hacia posiciones radicalmente anti-estadounidenses ni, menos aun, anti-occidentales. Una forma de comprobarlo es el relevo de los votos en la Asamblea de Naciones Unidas: aunque a partir de 2003 las coincidencias entre Argentina y Estados Unidos disminuyeron, la distancia es similar a la de otros países de la región, como Brasil, Chile y Uruguay, e incluso a la de aliados estratégicos de Washington, como Colombia y México, y por lo tanto atribuible al unilateralismo de George W. Bush antes que a un giro radical del kirchnerismo. De hecho, desde la asunción de Barack Obama las coincidencias aumentaron (3).
Finalmente, la mayor novedad en la agenda internacional es el acercamiento a nuevas potencias como Rusia y, por supuesto, China, convertida en el segundo socio comercial de Argentina. La relación tiene tantas luces como sombras: si por un lado permitió sostener las exportaciones en momentos de desaceleración económica del primer mundo, contribuyó a la estabilidad monetaria a través de los swaps de monedas y ayudó a emprender grandes obras de infraestructura con financiamiento de largo plazo, por otro acumula un déficit comercial alarmante, que el año pasado llegó a 6.300 millones de dólares, bajo un patrón de intercambios que no podemos calificar sino en términos de centro-periferia: Argentina exporta a China commodities (básicamente, soja) e importa productos con valor agregado (textiles, juguetes, electrónica).
El futuro
Rebobinemos antes de concluir. Luego de algunos años en los que los diferentes países latinoamericanos parecían converger sin matices en torno a los ideales de la democracia y el libre mercado, la región comenzó a exhibir una serie de grietas que hoy definen tres espacios nítidamente recortados. En este panorama fracturado, Argentina conforma junto a Brasil un eje atlántico que apuesta a la integración económica, la estabilidad política y una cierta autonomía decisoria, tanto en la definición del modelo de desarrollo como en su inserción internacional. Esto, por supuesto, no quiere decir que no existan problemas: el Mercosur, por ejemplo, es un proceso estancado, con los dos socios menores sometidos a la permanente tentación de los acuerdos de libre comercio con otros países (no es casual, en este sentido, que Uruguay y Paraguay se hayan incorporado como observadores a la Alianza del Pacífico).
Por eso conviene mirar las cosas con cuidadoso pragmatismo. Como todo en la vida, la política exterior es un balance tenso entre valores e intereses, tal como demuestra el caso de la relación entre Argentina y Venezuela, siempre a tiro de las críticas opositoras. Pero una mirada desapasionada no tardaría en comprobar que el comercio bilateral se multiplicó geométricamente, de 150 millones de dólares en 2002 a cerca de 2.000 millones el año pasado, con una orientación claramente ventajosa para nuestro país, tanto por el superávit comercial como por su estructura (Argentina exporta bienes de alto valor agregado, como alimentos procesados, maquinaria agrícola e insumos químicos, e importa commodities, básicamente petróleo). En suma, lo que cualquier manual de comercio exterior sugeriría hacer.
1. Mónica Quijada, “Sobre el origen y difusión del nombre América Latina”, Revista de Indias, Vol. LVHI, Nº 214, 1998. 2. Cecilia Pérez Llana, “La ofensiva del Pacífico”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Especial América Latina, mayo-junio de 2014. 3. Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian, “La política exterior del kirchnerismo”, en Carlos Gervasoni y Enrique Peruzzotti (eds), ¿Década ganada?, Debate, 2014. * Director de Le Monde diplomatique.

lunes, 29 de diciembre de 2014

China y América Latina impulsan un estrechamiento de las relaciones

China y América Latina impulsan un estrechamiento de las relaciones -
En cuanto a la cooperación práctica, Xi propuso una serie de objetivos nuevos, incluyendo aumentar el comercio en las dos direcciones hasta los 500 mil millones de dólares
China ha mostrado especial interés en mejorar sus relaciones políticas y comerciales con los países de conforman Latinoamérica.
Las relaciones entre China y América Latina se estrecharon en la última década, impulsadas por la expansión de la demanda interna del país asiático y la reestructuración económica de la región latinoamericana, al alza en los últimos años. Las relaciones chino-latinoamericanas han tenido desde el inicio como marco al Pacífico, un puente entre ambas regiones, que ha sido testigo del intercambio comercial y de la presencia de miles de chinos que trabajaron en la construcción de canales y ferrocarriles, plantaciones de azúcar y minas de guano y salitre. “La presencia china ha dejado huellas profundas en nuestra cultura, desde las artes culinarias hasta el paisaje urbano. “Hay barrios chinos en muchas de las grandes ciudades de nuestro continente, y la influencia de notables personalidades de ascendencia china se ha hecho notar en la academia, las artes y el servicio público”, explicó recientemente en un artículo publicado a la prensa el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno. Del 17 al 23 de julio de este año, el presidente chino, Xi Jinping, realizó visitas de Estado a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba, tras participar en la VI Cumbre de Líderes del grupo Brics, conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, celebrada en la ciudad brasileña de Fortaleza. Esta gira es considerada histórica y trascendental para el desarrollo y fortalecimiento de las relaciones entre China y América Latina y el Caribe, que refuerza la amistad, la cooperación económica y los lazos políticos con la firma de más de 100 acuerdos de cooperación. En el marco de la gira, el presidente chino también se reunió con mandatarios de 11 países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), ocasión que aprovechó para exponer la política exterior de China hacia la región y formular propuestas para afianzar la cooperación entre ambas partes. En cuanto a la cooperación práctica, Xi propuso una serie de objetivos nuevos, incluyendo aumentar el comercio en las dos direcciones hasta los 500 mil millones de dólares y los valores de inversión de China en América Latina hasta 250 mil millones de dólares en 10 años. Xi también anunció la puesta en marcha formal de un paquete de préstamos especiales por valor de 20 mil millones de dólares para la cooperación en infraestructuras entre China y América Latina, un paquete de préstamos preferenciales por valor de 10 mil millones para países latinoamericanos, y la aportación de seis mil becas gubernamentales para países de la región en los próximos cinco años. Durante el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec, siglas en inglés) celebrado en noviembre de este año en Beijing, capital de China, algunos países latinoamericanos ya perciben que el principal motor para el crecimiento sostenible es la cooperación económica y comercial con los países asiáticos, incluyendo China. Especialmente, este año que termina, en el que la mayoría de los países latinoamericanos sufrieron de un lento crecimiento económico, lo que ha hecho que la región se dé cuenta de la necesidad de un ajuste de su estructura económica, cambiando las atrasadas infraestructuras a través de la cooperación con la región de Asia-Pacífico. Lo cierto es que las inversiones directas de China en América Latina crecieron rápidamente en los últimos años en sectores como los de energía, minerales, manufactura, agricultura y finanzas, aprovechando la infinidad de recursos que hay en esta región de América. Los vínculos económicos bilaterales se han desarrollado rápidamente desde que China fuera admitida en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Actualmente, el gigante asiático es el socio comercial más importante de América Latina, después de Estados Unidos y de la Unión Europea, mientras que la región ocupa el séptimo puesto dentro del comercio exterior chino.
Balanza comercial
En 2013, la balanza comercial alcanzó los 261 mil 570 millones de dólares. Por el momento, China ya es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Uruguay, el segundo de Argentina y Colombia, y el tercero de México. Según el ministro uruguayo de Economía, Mario Bergara, la clave para el éxito de las relaciones entre China y América Latina es fomentar el conocimiento mutuo. “Tenemos que entendernos más, saber cómo se hacen los negocios en América Latina y cómo se hacen los negocios en China”. Uruguay, con poco más de tres millones de habitantes y que en 1988 estableció relaciones diplomáticas con China, ha diversificado su oferta al país asiático, que ya no se limita solo a la carne, su exportación más tradicional, sino que hoy también exporta soja y pasta de celulosa, además de servicios de información agropecuaria y software. En 2012, el intercambio comercial entre los dos países totalizó cuatro mil 339 millones de dólares, siendo China el principal socio comercial de Uruguay. Este es solo un buen ejemplo de lo que se vislumbra que será el futuro de la región con China. Por el momento, el comercio se basa en productos tradicionales, aunque ambas partes deben impulsar próximamente el comercio de productos de alta tecnología y de alto valor agregado, como las nuevas energías, nuevos materiales, conservación de energía y protección del medio ambiente, bio industria, innovación tecnológica y manufactura avanzada. Uno de los intereses de China es buscar licitaciones para sus empresas estatales. A cambio, el aporte económico chino en el continente es considerable. Entre 2009 y 2012, los bancos chinos prestaron unos 50 mil millones de dólares a América Latina, más de lo que dejaron en el mismo tiempo Estados Unidos, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM).
Educación y cultura
La relación no es apenas económica, sino que también existe con consultas y mutuo apoyo en política internacional, intercambio educativo y cultural, y cooperación tanto científico-técnica como en materia de defensa. Como explica el propio Moreno, “el primer puente entre China y América Latina fue el comercio. El desafío actual es mayor: debemos construir un puente para las ideas”. Según el vicepresidente del Banco Popular de China Li Dongrong, las reformas económicas que acomete su país ofrecen “una oportunidad para elevar la cooperación y expandir las relaciones comerciales”. Pero no solo hace falta que los empresarios latinoamericanos estén dispuestos a dar el salto cultural, geográfico y de inversión necesario. También hacen falta políticas de Estado en todos los países latinoamericanos que apoyen esa voluntad de implantación, fomentando el transporte y las comunicaciones, dando apoyo constante a sus empresarios sobre el terreno y ayudándolos a organizarse.
Mayor entendimiento
El presidente chino ya sugirió durante su viaje a América Latina designar el año 2016 como el “Año de Intercambios Culturales” entre China y América Latina. Se espera que en los próximos años la cooperación chino-latinoamericana sea más amplia, y con un entendimiento más profundo logrado gracias a los intercambios culturales. Fuente :El nuevo dia