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jueves, 4 de junio de 2015

Acuerdo Transpacífico: ¿Beneficiará a América Latina?

Acuerdo Transpacífico: ¿Beneficiará a América Latina?
El futuro, se dice, está en el Pacífico. Otra cosa es que el acuerdo tenga más bondades que amenazas, o viceversa
El futuro, dicen los optimistas con vocación de clarividentes, está en el Pacífico. Para los países latinoamericanos, ansiosos por alcanzar el desarrollo, esto significa prosperidad económica y los beneficios que vienen con ella. Por eso no es extraño que la invitación a formar parte del Acuerdo Transpacífico —TPP por sus siglas en inglés— sea recibida con buenos ojos por los gobiernos de Chile, Perú y México. Estas tres naciones se han unido a Estados Unidos, Canadá, Japón, Brunei, Australia, Nueva Zelandia, Malasia, Singapur y Vietnam en la negociación de un acuerdo que, dicen, representa cerca del 40% de la economía mundial y que fijará los estándares del mañana en materia de comercio internacional. Visto así, el TPP parece una gran oportunidad. Por supuesto, las cosas nunca son tan simples. Durante los cinco años de negociación, grupos tan diversos como los sindicatos de trabajadores, los activistas de internet, las organizaciones medioambientales, las agrupaciones de consumidores y las instituciones ligadas al ámbito de la salud han encendido las alarmas sobre las nefastas consecuencias que el tratado podría tener para los ciudadanos de estos doce países; lo mismo han dicho los premios Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman.
La primera gran crítica contra el TPP es respecto al modo en que se han llevado las negociaciones, en secreto y de espaldas a la ciudadanía. Ni siquiera los miembros de los parlamentos nacionales tienen acceso al texto de la negociación, socavando así el principio democrático que impera en nuestros países. La pregunta es obvia: Si TPP es tan beneficioso, ¿por qué no discutirlo abiertamente?
En sus más de 20 capítulos, el TPP abarca un amplio abanico de materias de vital importancia, desde las inversiones estatales hasta las regulaciones medioambientales. De ellos, conocemos solo tres borradores gracias a filtraciones de Wikileaks. Y lo que vemos es preocupante. ¿Cómo podría afectarnos el TPP? Poniendo trabas a la producción de medicamentos genéricos, debido a la ampliación de las patentes farmacéuticas. Esto significaría mermar el alcance de las políticas de salud de los países latinoamericanos. Así, también, el TPP podría significar la imposición de normativas draconianas de propiedad intelectual, similares a las contenidas en la polémica ley SOPA y que hoy resucitan gracias al carácter secreto de la negociación.
Además, el TPP daría la posibilidad a las empresas de demandar a los Estados que creen políticas que afecten sus intereses económicos, como podría ser una ley de etiquetado de alimentos o que busque la disminución del tabaquismo. Eso, por nombrar algunos ejemplos.
Lo peor es que una vez aceptadas estas condiciones no hay vuelta atrás: el carácter multilateral de la negociación hace prácticamente imposible modificar en el futuro los compromisos acatados hoy, mientras que el proceso de certificación estadounidense le brinda a este país la potestad de rechazar los cambios normativos que los demás países miembros realicen para cumplir el acuerdo, atentando contra la soberanía nacional. Entre más sabemos del TPP, menos se parece en una puerta al futuro y más a una soga al cuello que vamos a lamentar. Fuente:PanAmPost

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